Benoît Daviron, economista e investigador en el Cirad, propuso un análisis que comparaba el proyecto de gobernación neoliberal y el proyecto de comercio justo. Insistió en las convergencias que existen entre ambos proyectos tanto respecto a los medios movilizados como a los objetivos perseguidos. Mientras que el comercio justo define la justicia desde el punto de vista del impacto de los precios sobre la repartición de los recursos en beneficio de los productores, el neoliberalismo define esta justicia como la inclusión de todos los actores y ciudadanos en el mercado. Pero, los objetivos del comercio justo también se pueden interpretar como una propuesta de organización de la competencia para incluir a los productores marginados en el mercado.
Darryl Reed, profesor de ciencias sociales en la Universidad de York, examinó el papel de la etiqueta Max Havelaar en el proceso de regulación de la economía internacional y en la construcción de un nuevo modelo de gobernación en un contexto globalizado. Según él, FLO no podría ser una instancia reguladora de pleno derecho porque carece de legitimidad como instancia de regulación, porque falta una entidad capaz de apoyar procesos de deliberación democráticos. Con lo cual FLO es más una estrategia privada de regulación del mercado que un proyecto político. Sin embargo, el gran potencial de FLO radica en su pertenencia a la sociedad civil. Podría ser un actor importante en un proceso de regulación más amplio si reforzara su funcionamiento democrático.
Daniel Jaffee, profesor de sociología en la Universidad de Washington State, abrió una reflexión sobre los retos planteados por las relaciones de partenariado con las empresas transnacionales. Nota que, más allá de la gran diversidad ideológica del movimiento, es posible encontrar una coherencia entre las distintas posiciones de los actores. Estas posiciones y objetivos comunes no coinciden en absoluto con los de las empresas transnacionales y deben ser objeto de una reflexión común dentro del movimiento para reforzarse y hacer frente contra los deslices eventuales que pueden acarrear partenariados con empresas transnacionales. Este taller debería articularse en torno a dos temas: el de la contradicción entre la crítica de la dominación del mundo por el mercado y el proyecto de tratar la injusticia por el mercado ; y el de la gobernación dentro del movimiento, especialmente del espacio de los productores. Más ampliamente, el comercio justo debería acercarse más claramente de los movimientos sociales alternativos, con los que tiene objetivos convergentes.
Jean-Louis Laville, profesor de sociología en el CNAM, propuso un marco general de reflexión sobre la economía social y solidaria en la que debería comprometerse el comercio justo. Presentó una historia del movimiento asociacionista y basó sur reflexión en la conceptualización de la acción política a partir de la articulación de dos dimensiones: por un lado, un espacio público de compromiso ciudadano que obra para reconstituir el tejido social, por otro, una dimensión institucional de redistribución a escala macroeconómica que sólo pueden organizar las políticas públicas. Las iniciativas de las ONGs inciden en esta articulación apoyándose en la esfera socioeconómica para encontrar la legitimidad de plantear nuevas cuestiones dentro del espacio público. Su visión de las iniciativas de las ONGs se opone por tanto a una visión que las considera como una forma peculiar de acción privada. Además, insistió en la oposición que existe entre una solidaridad filantrópica basada en la lucha contra la pobreza y una solidaridad democrática basada en el principio de igualdad y en los derechos.
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